lunes, 15 de noviembre de 2010

María - NUESTRA QUERIDA MADRE Y HERMANA MARÍA

Canalizado por Sorem



25 de Febrero de 2010

sorem@hotmail.es



Sí, hermano nuestro, da igual quien de nosotros te hable, todos estamos aquí pendientes y dispuestos para dialogar con vosotros cuando abrís vuestra mente y corazón para recibirnos, y por nuestra parte daros un poquito de nuestro Amor.

En este momento yo soy María, vuestra hermana María, aunque me conocen y muchos prefieren llamarme madre María, por mi encarnación de madre de quien fue mi hijo Jesús, pero, yo me plazco y siento hacia vosotros un gran Amor de madre, pero también como lo que soy; vuestra humilde hermana.

Yo vengo hoy para daros parte de mi Amor a todos vosotros que esperáis estos mensajes, para sentiros unidos a nosotros y ciertamente así es, cada día que pasa nos estamos sintiendo más y más unidos con todos vosotros, e igualmente vosotros sentís esa unión con nosotros.

Sentimos una gran alegría al ver que ya no nos veis lejanos a vosotros, que no nos veis en un altar inalcanzable, sino que ya habéis superado y elevado vuestra conciencia y conocimiento, elevando vuestro estado a la altura igualada de todos como hermanos de una misma familia colaborando juntos.

Yo siempre estoy con todos los que me consideráis una madre amorosa, pero igualmente estoy y estaré con el mismo Amor con los que me consideráis vuestra hermana, bien sabéis mis hijos y hermanos, que los padres deben ser los mejores amigos o hermanos del mundo, además de madres o padres.

Esto no le importa al Amor que cada uno da a todos por igual, porque el Amor no entiende de palabras sino de sentimientos, y el sentimiento que siento por toda la humanidad está muy por encima de una significación de palabra terrenal, y vuestro Amor se manifiesta igualmente.

Así estamos llegando a esa línea de meta próxima, que parece que no llega pero que ya todos la estáis viendo y sintiendo muy cerca, para vernos y abrazarnos como hermanos en la alegría infinita de encontrarnos, después de un largo viaje y separados unos de otros.

Por fin nos vemos y nos reconocemos como lo que siempre hemos sido, y estamos tan cerca que ya en cualquier momento nos veremos y estaremos todos disfrutando del Gran Amor y la alegría que tanto ha costado conseguir.

Este acercamiento está ya, pero parece que todavía se está haciendo un poquito más de esperar, y con ello el encuentro será mucho más intenso y feliz para todos.

Vemos con gran alegría que todos estamos esperando este gran día, y vosotros que estáis inmersos en el tiempo se os hace muy largo, pero nosotros lo vemos inmediato en cualquier momento.

Dicho esto, no os debe preocupar el tiempo, sólo la intención siempre presente de elevaros para acortar ese tiempo, porque sólo con vuestra elevación se puede conseguir llegar al tan esperado momento, y es por ello por lo que yo siempre recomiendo tanto la oración a una gran parte de la humanidad.

Esta parte de la humanidad se eleva con la oración, y le es necesaria para su elevación, porque cuando no están en oración, la mente se disgrega en cosas mundanas que no son elevadas, ya que todos los medios de información y entretenimiento les lleva sus pensamientos a estados banales.

Pero otra parte de la humanidad está consciente de sus pensamientos, y no necesita la oración para estar siempre con un sentido elevados, es como si estuvieran siempre conectados a su Ser y no se distraen con todas las energías que quieren desviarles a pensamientos de distracción.

No lo tenéis fácil para saliros de tantas energías contrapuestas a la atención de lo que quieren la mayoría de mis hijos, y son mal orientados hacia pensamientos diferentes a los que su Ser le está reclamando, pero estos hijos aun no son libres de la dura influencia a la energía que le invade con mala orientación de su mente, y su mejor acción para acallarla y elevarla; es La Oración.

Vosotros hijos míos, los que leéis estos mensajes, los Trabajadores de la Luz, estáis más observantes y dispuestos a no tolerar estos abusivos entretenimientos, forzando a vuestra mente para ir por otros caminos que no son buenos para vosotros.

Vosotros tenéis vuestro poder activo y siempre dispuesto para orientarlo en unidad y al bien común, todos mis hijos necesitáis nuestra ayuda de Amor por igual, cada uno en su grado, y nosotros siempre nos ajustamos a vuestra necesidad, y en mí siempre estará el sentimiento de una madre, como el Amor que más siento por todos vosotros.

Yo no puedo hablaros de otra manera que con este Amor que siento de madre, y siempre expreso para todos por igual en mi constante dedicación de atender a cada uno/a de todos los que me queráis llamar para consolaros en los momentos más necesarios.

Pero también en los momentos de felicidad y alegría como lo es en esta comunicación que quiero que sintáis por mi parte.

Y con esta felicidad y alegría me retiro por ahora, de mis hijos y hermanos tan queridos.

Yo soy, vuestra madre y hermana María.


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